Tanto la temperatura, como las horas de luz o el resto de condiciones climatológicas y ambientales influyen en nuestra biología más de lo que nos imaginamos y por lo tanto, son un importante factor a tener en cuenta, ya que va a determinar las necesidades de nuestro organismo.

Por eso es necesario escuchar y estar atento a lo que nuestro cuerpo nos pide en cada momento y disponer de los conocimientos y de las estrategias necesarias para atenderlo de la manera más adecuada. Si quieres aprender consejos de hidratación óptima pincha aquí, en este artículo te aconsejamos a hidratarte a través de los alimentos.

Durante el verano se mueve una energía de total expansión, hace más calor, aumentan las horas de sol, trabajamos en ambientes resecos por los aparatos de aire acondicionado, también aumentan las horas de sol lo que nos invita a salir y a hacer más actividades al aire libre, buscando playas y piscinas para refrescarnos. Todo esto puede provocarnos, si no estamos muy atentos a las necesidades de nuestro cuerpo, un proceso de deshidratación de baja intensidad que mantenido en el tiempo puede derivar en problemas más graves.

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  • Para ayudar a mantener un buen estado de hidratación proponemos salud a través de la alimentación:
  1. Incrementar el consumo de bebidas naturales, hidratantes y remineralizantes, que son aquellas que presentan el agua en estado gel.
  2. Beber agua con zumo de lima o limón y una pizca de sal marina.
  3. Beber agua con una cucharada de semillas o frutos secos molidos (chía, lino, cáñamo, girasol…)
  4. Adaptar las bebidas, como son las fusiones de plantas y caldos de verduras (puedes tomarlos fresquitos)
  5. Incrementar el consumo de zumos de frutas naturales o mejor, smoothies elaborados con frutas, verduras, semillas… que contienen menos azúcar y un mayor aporte de fibra lo que favorece la hidratación.
  • Reducir o eliminar de tu dieta alimentos y bebidas deshidratantes como el café, el alcohol, los refrescos y otros productos azucarados así como las recetas a base de carnes rojas, los fritos y las comidas picantes y muy condimentadas.
  • Y por último, consumir platos sencillos, apetitosos, ligeros, coloridos, de sabores refrescantes y texturas crujientes elaborados principalmente a base de vegetales que son los que van a facilitar que el agua llegue correctamente a todos las células de tu cuerpo. En esta línea puedes prepararte:
  1. Gazpacho, sopas y cremas de verduras frías o a temperatura ambiente como la crema de pepino y yogurt, la sopa de melón o el puré de calabacín.
  2. Ensaladas variadas de vegetales crudos y también de cereales como el taboulé o la ensalada de arroz o de quinoa.
  3. Es imprescindible que la proteína esté presente en tu menú, pudiendo hacer uso del pescado o el marisco a la plancha y de las carnes blancas, así como de las legumbres que puedes tomarlas en ensaladas, como purés (hummus con palitos de verduras) o en forma de patés (paté de tofu)
  4. Las frutas no pueden faltar en esta estación, aportan mucha agua, sabor dulce y energía refrescante pero ten cuidado, porque un exceso nos dejará cansados y sin energía en pocos días. Puedes consumirlas frescas, en forma de batidos, en macedonia o incluso añadirlas a las ensaladas. Las frutas más hidratantes son la sandía, el melón, la piña o la pera con un contenido en agua superior al 85% de su peso y un bajo índice glúcemico.
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Si aplicas todo esto, vas a estar más que preparado para afrontar los calores del verano en un estupendo estado de energía e hidratación óptima, además de alimentarte con comida sana.