En esta nuevo post, vamos a centrarnos en el patrón alimentario, explicando algunos de los factores que lo condicionan. Pero antes de abordar el tema, habría que hacer hincapié en las diferencias que hay entre alimentarnos y nutrirnos, y entre pauta y patrón alimentario.


Primeramente, la alimentación se define como «Acto voluntario que incluye todo un conjunto de acciones que permiten la introducción de los alimentos en nuestro organismo, con el objetivo de aportar los nutrientes necesarios para que el cuerpo funcione y realice todas sus actividades con normalidad«.

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La alimentación incluye desde el proceso de la compra, la elección del producto, el cocinado, la presentación de los alimentos en el plato… hasta el momento justo en el que introducimos el alimento en la boca; Es justo en ese instante, cuando se pone en marcha el proceso de nutrición.

Cuando hablamos de nutrición, estamos haciendo referencia a todas las transformaciones que sufren los alimentos en el interior de nuestro organismo, hasta que finalmente, sus nutrientes llegan a cada una de nuestras células. De esta manera, lo que consumimos acaba convirtiéndose en lo que somos, e incluso en lo que sentimos.

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De lo que no hay duda es que tanto la composición como el estado de salud de nuestro organismo depende de los alimentos que nos llevamos a la boca.

Puesto que la nutrición es un acto involuntario, sobre el que poco podemos hacer, vamos a centrarnos en el patrón alimentario, y más concretamente en los factores que lo condicionan y en cómo podemos interferir sobre ellos. Cuando, por ejemplo, nos proponemos el objetivo de mejorar nuestra figura, nuestra agilidad o nuestro estado de salud en general.

Cuando hablamos de patrón alimentario estamos haciendo referencia a lo que estamos comiendo, es decir, a la lista de alimentos que consumimos a lo largo del día, que en la mayoría de los casos dista bastante de lo que sabemos que nos conviene, de lo que nos han recomendado e incluso de lo que nos ha prescrito el médico.

Y es que el patrón alimentario está condicionado y depende de infinidad de factores socioeconómicos, geográficos, culturales o religiosos… Si pasamos a hacer una análisis exhaustivo de estos factores, vamos a ver que podemos agruparlos en 4 grandes grupos, y en definitiva esas van a ser las razones que nos empujan a comer.


• En primer lugar, podemos decir que nuestro patrón alimentario está condicionado por nuestras necesidades físicas, que se van a manifestar a través del hambre; un dispositivo presente en todos los animales y que asegura la supervivencia de las especies.


• Una vez cubiertas nuestras necesidades primarias, buscamos en la comida la satisfacción de nuestros sentidos y consumimos aquellos alimentos que nos entran por los ojos, o que sabemos que son atractivos para el paladar.


• En otras ocasiones, es nuestro estado emocional el que nos empuja a comer determinados alimentos. De esta forma, cuando estamos preocupados, nerviosos, enfadados o estresados, nuestro patrón alimentario varía.


• Y por último, llegamos al plano mental, siendo nuestras propias creencias, las tradiciones, los compromisos sociales, las celebraciones, los descubrimientos científicos o las tendencias y las modas las que dictan ¿qué llevarnos a la boca? y ¿cuándo hacerlo?

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Así, cuando uno se propone el reto de cambiar sus hábitos alimentarios para mejorar su salud o controlar su peso, se da cuenta que comer es algo más complicado de lo que parecía en un principio. No es suficiente con tener un menú o saber lo que debes de ingerir, sino que hay otros elementos igualmente importantes que condicionan nuestro comportamiento, nuestra actitud, nuestra fuerza de voluntad… y con ello las probabilidades de éxito a la hora de llevar a término nuestro plan.

Entre estos factores podemos destacar algunos como: el grado de motivación, la confianza y la seguridad en uno mismo; Nuestro grado de compromiso en el proceso, el estado emocional y su relación con la comida; el grado de estrés, las condiciones del entorno, así como el tipo de objetivos que nos estamos marcado, o los fracasos previos que hemos podido sufrir en intentos anteriores.

En el Reto “Comer con Sentido” abordaremos estos y otros factores sobre los que trabajaremos en profundidad, con el objetivo de que reconozcas tus fortalezas (lo que te ayudarán a incrementar el nivel de confianza y en ti mismo) y de que identifiques las áreas en las que quizás estás más “atascado” y sobre las que deberás aplicar las acciones de mejora necesaria que te ayuden a ir avanzando en tu proceso.

El objetivo final es poner en marcha un plan dietético sólido que te permita realizar cambios y perder peso de una forma segura, efectiva y mantenida en el tiempo a través de una alimentación sana y equilibrada, para lo que es necesaria una toma de conciencia que te ayude a fijar objetivos, a creer en ellos, a identifica y vencer obstáculos y en definitiva a adoptar la actitud necesaria para modificar tu manera de pensar y de sentir hacia la comida.