A día de hoy existe un consenso cada vez mayor en torno a la idea de que el agua existe en fases diferentes a las de líquido, sólido y vapor y así lo demuestran distintos estudios científicos, por lo que también hay diferentes formas de cómo conseguir una hidratación óptima.

Entre ellos podemos destacar los realizados por el Dr. Gerald Pollack en la Universidad de Washington, en los que demostró cómo el agua contenida en el interior de nuestras células presenta un estado distinto al estado líquido, muy similar al que podemos encontrar en las plantas.

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A este tipo de agua la denominó agua estructurada o agua en estado gel, y aunque a simple vista no hay diferencias significativas respecto al estado líquido, si que se observan importantes cambios a nivel molecular que hacen que el agua en este estado nos hidrate de una manera mucho más eficaz y se mejore también la conducción de los impulsos eléctricos en nuestro organismo.

Cuando el agua pasa del estado líquido al estado gel, sus propiedades vitales se amplifican ya que no sólo estamos ante un tipo de agua de mayor densidad, sino que además este nuevo estado del agua presenta un mayor porcentaje de oxígeno, lo que le confiere cierta carga negativa que hace posible que se comporte como una especie de batería, teniendo la capacidad de producir y almacenar energía en el interior de nuestras células y tejidos.

Así cuando consumimos agua estructurada o agua en estado gel, la hidratación que se produce con menor cantidad de líquido es mucho más efectiva y duradera en el tiempo, por lo que hablamos de hidratación óptima; además, de esta manera también conseguimos reducir el temido efecto lavado con la consiguiente pérdida de sales minerales que se produce cuando tomamos grandes cantidades de agua líquida sin más.

El agua en estado gel está presente en todas las células vivas especialmente en los vegetales, por lo que te recomiendo que consumas frutas, verduras y hortalizas con elevado contenido acuoso como la lechuga, el pepino, el calabacín, la sandía, el melón, las fresas o la piña entre otras; que te prepares batidos o smoothies con frutas, verduras, frutos secos… o que simplemente añadas una cucharada de semillas de chía a la botella de agua que tienes en la oficina. La chía es la semilla con mayor capacidad de liberación de agua en gel; si además mueles las semillas, aprovecharás todo su contenido en ácidos grasos w3 que son necesarios para favorecer el paso del agua al interior de las células.

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Como conclusión te puedo decir que «tomar el agua contenida en las plantas es mucho mejor que beber simplemente agua«, ya que de esa forma la tomamos depurada, enriquecida con minerales y otros nutrientes, con el pH ajustado a nuestras necesidades y en estado de gel, lo que supone tomar un agua cargada de energía y preparada para ser absorbida por nuestras células e hidratarlas correctamente.